PROBLEMAS DEL SUEÑO Y EL IMPACTO DEL USO DE PANTALLAS: UNA ALERTA SILENCIOSA PARA LA SALUD COMUNITARIA

Dormir bien no es un lujo: es una necesidad fundamental para el bienestar físico, emocional y cognitivo. Sin embargo, en los últimos años los problemas del sueño se han convertido en una preocupación creciente, especialmente en comunidades donde las dinámicas laborales, la sobrecarga de tareas domésticas, el estrés migratorio y la inseguridad económica afectan la calidad de vida. A todo esto se suma un factor que ha escalado silenciosamente hasta convertirse en uno de los principales disruptores del descanso: el uso excesivo de pantallas.

El teléfono celular, la tablet, la computadora y el televisor se han integrado profundamente en la rutina diaria. Para muchas familias son herramientas de comunicación, educación y trabajo; para otras, una forma de conexión con seres queridos que viven lejos. Pero cuando su uso se extiende hasta las horas de la noche, el impacto en la salud comienza a sentirse. La luz azul que emiten estos dispositivos interfiere con la producción de melatonina, la hormona encargada de regular el sueño. Esto provoca que conciliar el sueño sea más difícil, y que el descanso sea más ligero, fragmentado y poco reparador.

En Costa Rica, como en otros países de la región, las mujeres —especialmente las mujeres migrantes— enfrentan una doble carga: trabajan jornadas largas y al llegar a casa continúan con tareas de cuido, acompañamiento y gestión del hogar. Para muchas, el único momento personal del día llega tarde en la noche, cuando las pantallas se convierten en compañía, escape o vía de información. Sin embargo, ese tiempo frente al celular o al televisor antes de dormir retrasa el inicio del sueño y reduce la calidad del descanso, afectando el estado de ánimo, el rendimiento diario y la salud en general.

Los niños, niñas y adolescentes también están expuestos. El uso prolongado de pantallas en la noche afecta sus ciclos de sueño, impactando su concentración escolar, su desarrollo emocional y su capacidad para manejar el estrés. En algunos hogares donde la situación económica o migratoria genera incertidumbre, las pantallas se utilizan incluso como mecanismo de distracción o calma, reforzando un patrón que termina afectando a toda la familia.

Problemas del sueño y el impacto del uso de pantallas: una alerta silenciosa para la salud comunitaria

Desde una perspectiva de salud pública, los problemas de sueño tienen consecuencias importantes: aumento de ansiedad y depresión, mayor irritabilidad, dificultades de aprendizaje, vulnerabilidad a enfermedades crónicas y debilitamiento del sistema inmunológico. Para organizaciones como ASOHUMA, que trabaja con comunidades diversas y en contextos de vulnerabilidad, atender la higiene del sueño es parte esencial de promover bienestar integral.

La buena noticia es que existen acciones sencillas que pueden marcar una gran diferencia. Reducir el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, activar el modo nocturno del celular, establecer rutinas de descanso, mantener horarios regulares y crear espacios libres de dispositivos en el dormitorio son pasos clave para recuperar la calidad del sueño. A nivel comunitario, hablar abiertamente sobre el descanso, compartir estrategias y brindar acompañamiento puede ayudar a romper ciclos de cansancio y estrés.

Dormir bien es un derecho y una herramienta de salud. Promoverlo es apostar por una vida más sana, más equilibrada y más humana. ASOHUMA reafirma su compromiso de acompañar a las familias en este proceso, transformando la información en bienestar y el conocimiento en cuidado colectivo.

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