EL EFECTO DEL ALCOHOL EN EL CEREBRO: LO QUE NO VEMOS CUANDO BRINDAMOS

El alcohol está profundamente integrado en muchas celebraciones sociales: brindes, reuniones familiares, fiestas de fin de año. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano existe una serie de efectos en el cerebro que a menudo pasan desapercibidos. Comprender cómo actúa el alcohol en nuestro sistema nervioso central es clave para tomar decisiones más responsables sobre su consumo.

Cuando una persona bebe, el alcohol pasa al torrente sanguíneo y llega rápidamente al cerebro. Allí interfiere con los neurotransmisores, sustancias químicas que permiten la comunicación entre las neuronas. Uno de sus principales efectos es potenciar la acción del GABA, un neurotransmisor inhibidor, lo que genera sensaciones de relajación y desinhibición. Al mismo tiempo, reduce la actividad de otros sistemas, como el glutamato, encargado de procesos relacionados con el aprendizaje y la memoria. Esto explica por qué, tras varios tragos, pueden aparecer dificultades para coordinar movimientos, hablar con claridad o recordar lo sucedido.

El efecto del alcohol en el cerebro

El alcohol también activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina y produciendo sensaciones de placer. Con el consumo repetido, el cerebro se habitúa a estos estímulos y algunas personas pueden necesitar beber más para sentir los mismos efectos, aumentando el riesgo de dependencia. A largo plazo, el consumo excesivo y frecuente se asocia con deterioro cognitivo, problemas de memoria, dificultades de concentración y cambios en el estado de ánimo, como ansiedad y depresión.

En etapas de desarrollo, como la adolescencia y juventud, el impacto puede ser aún mayor, ya que el cerebro continúa madurando. El consumo temprano y abusivo se vincula con un mayor riesgo de trastornos por uso de alcohol y otras sustancias, así como con problemas emocionales y de conducta.

Es importante destacar que no existe consumo de alcohol completamente libre de riesgo. Cada organismo responde de manera distinta y factores como la cantidad, la frecuencia, la edad, el peso corporal y la presencia de otras enfermedades influyen en los efectos. Optar por reducir la cantidad, establecer límites claros, alternar con agua, evitar mezclar con medicamentos o drogas, y no usar el alcohol para “manejar” emociones difíciles son pasos concretos para proteger el cerebro.

Brindar puede ser un gesto simbólico de encuentro y celebración. Sin embargo, elegir cómo y cuánto se bebe es una forma de autocuidado. Entender lo que el alcohol hace en el cerebro nos permite celebrar la vida sin poner en riesgo nuestra salud mental y neurológica.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WP2Social Auto Publish Powered By : XYZScripts.com