CONSEJOS PARA ABORDAR LA ADOLESCENCIA DE JÓVENES MIGRANTES LEJOS DE SU PAÍS

La adolescencia es, por sí misma, una etapa de cambios intensos: transformaciones físicas, búsquedas de identidad, necesidad de independencia y una fuerte sensibilidad emocional. Cuando este proceso ocurre lejos del país de origen, en contextos de movilidad humana, los desafíos pueden multiplicarse. Las y los adolescentes migrantes viven una adolescencia atravesada por duelos, rupturas, nuevas culturas y, en muchos casos, entornos que no siempre comprenden sus vivencias. Acompañarles de manera adecuada es clave para proteger su bienestar emocional, fortalecer sus capacidades y asegurar que transiten esta etapa con dignidad y seguridad.

A continuación, se presentan consejos prácticos para familias, docentes y comunidades que trabajan o conviven con adolescentes migrantes:

1. Validar sus emociones y su historia

Los adolescentes migrantes suelen cargar con múltiples duelos: el país que dejaron, amistades perdidas, cambios bruscos en su rutina y la inseguridad sobre el futuro. Es fundamental validar lo que sienten sin minimizarlo. Escucharles con atención, decirles que es normal sentirse confundidos o nostálgicos, y abrir espacios para que hablen de su origen y su historia ayuda a que se sientan vistos y comprendidos.

2. Mantener vínculos con su cultura

La identidad se construye desde los referentes culturales. Permitir que mantengan contacto con costumbres, comidas, música y tradiciones de su país de origen fortalece su sentido de pertenencia. Celebrar fiestas tradicionales en familia, hablar en su lengua materna o compartir recuerdos son pequeñas acciones que pueden aliviar el impacto del desarraigo.

3. Impulsar espacios de expresión

El arte, el deporte, la escritura, la música y otras formas creativas se convierten en herramientas poderosas para procesar emociones complejas. Incentivar su participación en actividades extracurriculares, talleres o grupos comunitarios no solo les ayuda a expresarse, sino que también facilita la creación de nuevas redes de amistad en el país de acogida.

4. Fomentar una comunicación honesta y respetuosa

La adolescencia suele venir acompañada de silencios o actitudes que pueden interpretarse como rebeldía. Para jóvenes migrantes, estos comportamientos pueden estar vinculados a estrés, miedo o frustración. Promover una comunicación basada en el respeto, el diálogo abierto y la paciencia permite construir confianza y evita dinámicas de conflicto innecesarias.

5. Establecer límites claros, pero con flexibilidad

La estabilidad es importante para cualquier adolescente, y aún más para quienes han vivido procesos de movilidad. Mantener rutinas, acuerdos familiares y límites razonables les brinda seguridad. Sin embargo, es fundamental considerar lo que están enfrentando y ser flexibles cuando sea necesario. La empatía es parte esencial de la crianza en contextos migratorios.

6. Buscar apoyo profesional cuando sea necesario

El acompañamiento psicológico puede marcar una diferencia significativa. Si el adolescente presenta señales de ansiedad, retraimiento extremo, cambios drásticos de humor o dificultades para adaptarse, buscar ayuda de profesionales en salud mental es un paso responsable y necesario.

7. Crear una red de apoyo comunitario

Vecindarios, escuelas, organizaciones sociales y grupos comunitarios pueden ser aliados clave. La integración no es solo responsabilidad de las familias; es un esfuerzo conjunto que facilita que cada adolescente migrante crezca en un entorno seguro, comprensivo e inclusivo.

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